De nada vale el arrepentimiento sin perdón…

 


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¿Qué es Arrepentimiento?

El Arrepentimiento es un acto Espiritual de purificación que se realiza ante Cristo Dios Salvador. Es un ejercicio de toma de conciencia, es una mirada autocrítica del propio sentir, actuar y pensar.  Es una búsqueda de lo que en nosotros se opone a lo justo y recto de los principios de la Fe que se tiene, de los valores morales e inducción del Espíritu.

¿Cómo llegar al Arrepentimiento?

Tomando conciencia de nuestro actuar, reflexionando y realizando una mirada profunda hacia nuestro interior para reconocer actitudes que provienen de la herencia cultural, social, familiar, que contradicen nuestra Fe y nos manchan.

La vida espiritual y las herramientas como la oración, la quietud, junto con la meditación nos permiten recibir la inducción del Espíritu. El acto de Arrepentimiento es inducido por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, aquel Espíritu que Cristo restauró  en los tres días de su paso por la muerte. Es nuestro Espíritu quien nos llevará a compenetrar y aplicar las enseñanzas de Cristo Dios en nuestras vidas.  Sin la intervención de Dios que mora en nuestro Espíritu no podemos ser transformados.

¿Cuál es la clave del Arrepentimiento?

El verdadero Arrepentimiento es aquel que busca y llega a la Raíz de la causa y entiende que toda causa mora en Uno mismo. Hallando la Causa en Uno mismo entonces el Ser de Fe se hace propósitos para no volver a tropezar en la misma piedra.



De nada vale el arrepentimiento sin perdón…

¿Qué es el Perdón?

El perdón es un acto de purificación espiritual que se coloca ante Cristo Dios. El perdón es desatar nudos, pagar deudas y liberar a quienes nos adeudan.  El perdón es un deber de bondad y es ley para la persona de Fe. El perdón es no acumular ni arrastrar deudas, ni considerar que el otro está en deuda con uno.  Es liberarse de toda rabia y adquirir paz. Es no odiar y orar por quien nos hizo mal y desatar todo ligamen interior, con quien nos ha hecho daño y causado dolor y entregar en manos de Cristo todo efecto y justicia, olvidando todo asunto y jamás volviendo sobre el pasado.

¿Para qué?

Desde el Hecho Crístico opera la Gracia, la nueva condición: Cristo venció la muerte y abrió la Ley de la Nueva vida, La Resurrección, por Cristo nacemos sin pecado,  Cristo devolvió el Espíritu a los Hombres. 

Para sostener la renovación obtenida por Gracia, Cristo nos otorga el Poder del Perdón, para liberarnos y caminar livianos por la vida.

Pedimos perdón a Dios, declaramos nuestro arrepentimiento ante otros que hemos dañado. Perdonamos a quienes nos hicieron mal. Y aquello que es fuerte y muy difícil de enfrentar para uno mismo: lo dejaremos en manos de Dios y nos olvidaremos de todo asunto

¿Qué relevancia espiritual tiene el perdón para la trascendencia?

“…y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19).




Nadie puede juzgar porque no hay Ser que tenga toda la visión de la realidad completa e íntegra. Las ataduras nos amarran más allá de este mundo y más allá de esta vida. Los juicios nos condenan más a nosotros mismos que a quien se ha juzgado. Todo apego, toda deuda y todo deudor, es una atadura que no permite la entrada al Reino de Dios y condiciona la Ley de Resurrección. El perdón es la liberación de las ataduras. Sin perdón no hay liberación del Alma.

¡Te llamo a descubrir la liberación que estas herramientas entregadas por Cristo pueden significar en tu Vida aquí y ahora y en la vida posterior!






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